Úrsula puede volar cuando nadie la mira. No sabe porqué pero si alguien la ve sus pies se vuelven instantaneamente dos plomadas de veinte kilos cada uno. A veces ni se da cuenta que está invisible para cualquiera pero de pronto, levita. Pero no levita ahi nomás del piso, sale disparada al cielo como un cohete o como una cañita voladora pero sin hacer ningún ruidito. A veces le da mucho vértigo, más que nada cuando este accionar la toma de sorpresa pero si se da cuenta al menos unos segunditos antes ya se prepara, endurece un poco la panza y disfruta mucho el paseo. Lo mejor de todo es la vista. Uno puede ver algo parecido en esas fotos que se toman desde aviones, helicópteros, edificios muy altos o desde satélites. Sí, desde satélites. Pero es mil veces mejor.
Úrsula aprecia tener buena vista. Ve a la ciudad desde el cielo con mucha nitidez y todos los días da gracias por eso.
Nunca vuela más allá de la atmósfera, sabe que más allá de ésta no habrá aire y tendría que consultar con algún físico para saber que tanque de oxígeno llevarse y cuánto tiempo le duraría en el espacio.
El problema es que cuando trata de contarle a alguien su don, nadie le cree. Y menos que menos un físico. Asi que ella vuela hasta donde puede y lo disfruta.
No importa que no la vean, lo lindo es que volando ella es felíz.