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viernes, 28 de febrero de 2025

Luca

 Luca pertenece a una familia excesivamente numerosa, la de los martillos. Si, así con minúscula, porque Luca no es su nombre, sino su marca, y martillo no es su apellido sino su forma. Es un martillo Luca, pero no sabe por qué, es un elemento consciente de sí mismo que siente una incontrolable atracción sexual a todo tipo de metales. Le va bien con eso, pase por donde pase él, cualquier cosa de metal se le aferra  potentemente y cuando Leo, su dueño, los trata de separar, se produce una fricción bastante erógena. 

Leo es tapicero, y el Luca ya tiene unos veinticinco años trabajando con él, a veces Leo piensa que se tendría que conseguir otro martillo pero ya le tomó cariño. 

Hace pocos dias un cliente trajo un sillón gigante por el que Leo pasó un presupuesto igual de enorme, dos o tres sillones como ése y se retira. Ya esta viejo y cansado. 

Entonces se pone manos a la obra y saca todo el tapizado viejo y roto. Agarra las cintas para poner el nuevo y le pega medio fuerte a la tachuela con el Luca y la cabeza del martillo sale volando pero Leo se queda con el mango en la mano. 

Se escucha una puteada feroz en la cuadra del tapicero. La cabeza del Luca, en el suelo, permanece adherida a clavos, tachuelas y alambres perdidos, bajo una mesa, en un rincón, esperando con paciencia la fricción.


miércoles, 26 de febrero de 2025

Saravia

 Saravia busca bajo la camioneta sus llaves perdidas. Es tarde y no tiene forma de entrar a su propia casa ni plata para el cerrajero usurero. Es viernes a la noche y se da cuenta que le alcanza para dos cervezas. Se va a pie al bar del barrio, no sea cosa que encima rompa la chata mamado a la vuelta.

Llega al barcito de Pocho y el viejo se alegra de verlo. Pensó que se había rescatado pero le mira la facha y entiende que fue la misiadura. Le pregunta que se le ofrece y Saravia pide la Brahma más fría salvo que la más fría sea una Palermo. Mira en la mesa del truco si hay algún conocido para agregarse y lo ve al Rúben. Listo.

Se sienta cerca, lo saluda mirándolo y asintiendo con la cabeza una vez y Pocho le alcanza la Palermo. 

Juna de lejos a los timberos. Al Colorado le van a hacer pagar hasta el último centavo de la jubilación. El Rúben juega bien y su compañero es bravo. El Colorado no le entiende ni una seña al loco que se esta poniendo nervioso. 

Cuando la cerveza de Saravia va por la mitad, el Loco le pega un manotazo a la mesa y putea al Colorado. Saravia se pone de pie y lo calma, mientras le tira al otro un "Rajá que te van a fajar". El Colorado huye y Saravia le dice al Loco que jueguen juntos, pero que antes se fumen un pucho afuera para calmar los nervios. 

Cuando salen le avisa que tiene guita para la primera vuelta y que está obligado a ganar. Arreglan las señas y la táctica. Terminan el pucho. Vuelven, se sientan, apuestan, juegan,  ganan. Se juega la revancha, ganan. Juegan otro, doblan la apuesta, ganan. Rúben y el otro se quieren matar pero no pueden dejar de jugar. 

La cosa que Saravia y el Loco los despluman.

Se hace de día, el Loco le da las gracias al compañero, dice algo sobre la estupidez del Colorado y se va. 

Saravia vuelve a pie las tres cuadras, llega a su puerta y ve que la llave había quedado puesta. Mira por la ventana antes de entrar a ver si le afanaron algo. Parece que no.

Entra despacio, revisa todo y grita muy contento

Qué ojete!

lunes, 17 de febrero de 2025

Elsa

 Elsa reza arrodillada por los pobres de todo el mundo. Es domingo a la mañana y llueve mientras el cura canta junto al coro en la capilla.  En el cuenco, al salir, las señoras ponen un billete de mil cada una. Elsa pone doscientos, sino no le alcanzará para comprar ajo. 

Vuelve a su casa después de pasar por la verdulería y se pone a hacer el higado que ayer estaba en oferta. Por suerte tenía una cebolla. Le mete tres dientes a la cacerola junto con todo lo demás. Ama el hígado, tiene más gusto a carne que cualquier corte de esos caros. 

Antes de comer, agacha la cabeza con sus manos juntas y le da gracias al señor porque aunque la jubilación se devaluó demasiado, todavía puede comer un rico hígado encebollado cada domingo.

Lo disfruta, lava los platos y se va a dormir una siesta.

En la siesta sueña algo que no recuerda, pero al despertar, rompe en llanto.

Pirucha

 Lita corre atras de su perra por la cuadra, pero la alcanza enseguida. Es la segunda vez en la semana que Pirucha se le trata de escapar. Tiene un año, está en celo y todavía no la llevó a castrar. Pero tiene un plan.

Se registra en absolutamente todas las app de citas, buscando veterinarios solteros. Ella no es una muñeca pero safa, se siente potable. 

Un poco de amor puede alcanzar, y en una de esas hasta conserva el vínculo.

domingo, 9 de febrero de 2025

Los mejores, los únicos

 (Xavier Pilsen abre la heladera y se encorva un poco para buscar algo extendiendo la mano levemente pero de golpe se incorpora gritando) -Ansaldi! (Mira a su derecha) Ansaldi! ¿Otra vez te comiste mi vianda? ¿¡Qué te pasa a vos en la cabeza!? Te pensás que gano más que vos?

(Ansaldi, sirviéndose café) No, yo no fui. Pero sí ganás más que yo. Si eso me habilita a comerme la próxima vianda, mejor traé dos... 

Tenemos el mismo puesto Ansaldi, ganamos lo mismo

Si, pero soy mujer y encima entré un año más tarde.

Bueno no, a mi no me pagan la antiguedad con la nueva ley así que calmate y no te comas mis cosas.

Ya te dije que yo no fui. A vos te pagan seis cifras, a mi me pagan cinco. El viernes pasé por afuera de la oficina y escuché sin querer.

Y bueno, reclamá.

Si, claro. Sabés qué, me voy a seguir comiendo tu vianda. Mañana ponele mayonesa. Ratón.





martes, 4 de febrero de 2025

Heráclito

 A Heráclito nunca nadie lo llamó por su nombre salvo su madre. Era una especie de maldición. En la primaria tuvo a una única maestra los tres únicos años que asistió y por algún transtorno neurológico de la señora, también lo llamaba de la otra manera, aunque se disculpaba y trataba de corregirse, volvía a cometer el error. 

A eso de los veinte años nuestro protagonista estaba totalmente desahuciado, planeando irse para siempre del pueblo y cambiarse de nombre.

Lo hizo. Se fue lejos. Conoció a una bella mujer, se casó y tuvo hijos. Con Penélope fue felíz.