Luca pertenece a una familia excesivamente numerosa, la de los martillos. Si, así con minúscula, porque Luca no es su nombre, sino su marca, y martillo no es su apellido sino su forma. Es un martillo Luca, pero no sabe por qué, es un elemento consciente de sí mismo que siente una incontrolable atracción sexual a todo tipo de metales. Le va bien con eso, pase por donde pase él, cualquier cosa de metal se le aferra potentemente y cuando Leo, su dueño, los trata de separar, se produce una fricción bastante erógena.
Leo es tapicero, y el Luca ya tiene unos veinticinco años trabajando con él, a veces Leo piensa que se tendría que conseguir otro martillo pero ya le tomó cariño.
Hace pocos dias un cliente trajo un sillón gigante por el que Leo pasó un presupuesto igual de enorme, dos o tres sillones como ése y se retira. Ya esta viejo y cansado.
Entonces se pone manos a la obra y saca todo el tapizado viejo y roto. Agarra las cintas para poner el nuevo y le pega medio fuerte a la tachuela con el Luca y la cabeza del martillo sale volando pero Leo se queda con el mango en la mano.
Se escucha una puteada feroz en la cuadra del tapicero. La cabeza del Luca, en el suelo, permanece adherida a clavos, tachuelas y alambres perdidos, bajo una mesa, en un rincón, esperando con paciencia la fricción.
1 comentario:
Un espetaculo
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