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miércoles, 11 de diciembre de 2024

Te amamos, ciudad wacha

  Mar del Plata, no sé si es feliz o no, pero yo la amo. Los marplatenses no tenemos esperanza en nadie, siempre estamos esperando que pase lo peor, que nos roben, que no volvamos a encontrar nunca más lo perdido, que nos rajen, tenemos miedos de todos colores, pero esta ciudad está tan loca que siempre nos tira un comodín que nos devuelve la fe en la humanidad. Por unas horas, porque nuestro pesimismo es incurable, pero aunque no contemos con esa suerte escondida, ella siempre está por ahí.

Todo Marpla sabe que esto es verdad. 

Y por eso nos quedamos para siempre

martes, 19 de noviembre de 2024

Amarillo

Si los sueños son amarillos

Y la vigilia gris

Yo quiero vivir adormecida.

Si ya no me ilusiono

Porque eso me hacer llorar,

Prefiero que te calles y te vayas.

Si sólo creo en el desconocido

La primera vez que hablo con él,

Quiero hablar con todo el mundo,

Sólo los primeros cinco minutos.

Van Gogh comía pintura:

yo soy su girasol.


martes, 12 de noviembre de 2024

La aldea

La aldea preparó un nuevo ritual por el cambio de ciclo. Se necesitaba una cosecha abundante porque tras la invasión de los hombres veneno de serpiente habían nacido muchos más niños que debían ser alimentados.

Los ejércitos enemigos desconocían el valor de la naturaleza y de los aldeanos, pero estos últimos honrarían por siempre sus creencias y su cosmovisión.

El ritual consistió en un gran esfuerzo por parte de las ancianas. Ellas robaron durante la noche todos los caballos de los hombres veneno de serpiente y viajaron a las aldeas vecinas a pedir ayuda. 

Volvieron convertidas en miles de guerreros que regaron los cultivos con la sangre de los invasores. 

La cosecha fue muy próspera ese año, alimentó a todas las aldeas de la región y las fortaleció. 

El Rubio

Llovía y el Rubio no tenía ni campera

 Se había escondido entre los palos abajo del muelle de la Bristol. Era verano pero hacía frío: Mar del Plata, no lo entenderías. Cuando a la noche al Rubio lo corrieron los guachos del centro, no se le ocurrió otro mejor lugar en donde refugiarse. Siempre le caía una gota de moco de la naríz y se la pasaba tirándole piedras a los negocios y a los autos. Sí, era él. No era de acá, había venido de San Bernardo en octubre a buscar trabajo pero se adelantó demasiado a la temporada y en dos meses pagando alquiler y comida del centro, se fue a la ruina. No consiguió otra changa que esa gilada de los cuestionarios de la peatonal en donde todos se ganan un viaje, pero sin básico, a comisión y como la gente no es pelotuda no enganchó a nadie. 

Pero a la mañana, entre los palos, abajo del muelle, se encontró un celular. Lo vendió en la galería 2001 y se volvió a San Bernardo para nunca más volver.

jueves, 10 de octubre de 2024

Angélica

Angélica mira por la ventana  

Por la calle ve danzarina a dos metros del suelo

A otra Angélica igual a ella.

Gira el cuerpo y se mira al espejo

Pero ya no está.

domingo, 25 de agosto de 2024

2100

La noche está iluminada solo por la luna. A veces se oyen unos pasos. Ya no hay vehículos de ningún tipo. No hay electrodomésticos ni celulares. Aves, ratas, perros, gatos, son raros de ver, pero si aparece alguno, se transforma en un crudo festín. No hay más madera.  El invierno es atroz, la población queda diezmada. El verano es el infierno. No hay otoño ni primavera.

Ya no hay vuelta atrás. 

Tres familias ricas, en sus tierras, cosechan su propio alimento. Y eso es todo.

sábado, 3 de agosto de 2024

Gerardo

Gerardo Vitale atraviesa las calles del centro a pie y trajeado. Vive a cuatro cuadras de la oficina y siempre sale quince minutos antes para llegar temprano. Planea en el trayecto cómo devolverle las jodas a Juárez, que lo gasta por el partido del domingo. Es miércoles y cuando sube al cordón en Catamarca ve una billetera de cuero negro tirada. Frena, se agacha y se la mete en el bolsillo del saco. Le hace un poco de bulto así que al pasar por un café pide permiso para ir al baño. Milagrosamente se lo dan, pero porque va de traje. Entra, la revisa, saca los seis billetes de diez mil, tira lo que queda así como está atrás del inodoro y sale. Pasa por la quiniela y se compra un juego de azar. Revisa la hora, todavía tiene diez minutos de yapa. Sale medio apurado y no ve el colectivo que dobla y lo atropella, matándolo instantáneamente.

sábado, 20 de julio de 2024

Las gallinas pillas

Tengo tres gallinas, tres perras y un gato. Las perras y las gallinas no se juntan porque los perros las quieren cazar. El gato una vez estuvo en el patio con las gallinas y las persiguió unos segundos pero le aburrieron enseguida. El gallinero que improvisé hasta que les termine de hacer el corral es el viejo lavadero, un cuartito con puerta en el fondo de la casa. La perra más joven se puede pasar horas mirando por la rotura que tiene esa puerta abajo, solo le ve las patas a las gallinas pero trata de tocarlas con la suya. Ya hace seis meses que las tengo. Pirito, la perra más chica, sigue obsesionada con ellas. A veces cuando está lindo o al menos que no llueve, dejo a los perros adentro y saco a las gallinas al patio a que coman bichos y tomen sol. Y a veces me olvido que las saqué. Hoy me fui con un amigo a comer al centro y me olvidé las gallinas afuera. Cuando volví, varias horas más tarde, las perras querían salir a hacer pis desesperadamente y me apuré a abrirles y llevarlas al patio.

Las gallinas estaban en la puerta, del lado de afuera esperando entrar.

El quilombo que se armó. 

Cacareaban desesperadas las gallinas, las perras ladraban, yo gritaba que no. Fuera! Entren adentro! Y mientras yo gritaba, dos de las tres gallinas se metieron adentro y se escondieron. No estaba segura si habían sido dos o si habían entrado las tres porque salí al patio y cerré la puerta para ir a buscar a la tercera y no la veía. Pensaba en tener que arrancarla de las fauces de Pirito pero Pirito estaba atento a las gallinas que habían entrado y ni siquiera buscaba a la tercera. Así que entré a ver si habían entrado dos o tres. Pero adentro había una sola. La segunda ya no estaba. 

Antes del patio, tengo ese cuartito que uso de gallinero y un tallercito. Es como que el lavadero/gallinero es un anexo del taller. Y había una gallina sola. La segunda no estaba. Metí a la única al lavadero y me puse a buscar a la segunda entre los muebles y las maderas. Tarde unos minutos hasta que la encontré atrás de una madera que a mi me parecía más chiquita que una gallina. Pero estaba ahí toda hecha un bollito, yo le hablaba como le hablo a mis perros, con una voz de maestra jardinera muy empática: "¿Estás bien?" Y la gallina parecía muerta. Pensé que se habría infartado. La agarré para llevarla al lavadero y reaccionó y cocoreó, así que me volvió el alma al cuerpo igual que a ella. La metí y me fui afuera a ver si la tercera existía aún. Los perros seguían atentos a la puerta, no olfateaban a la otra afuera ni la buscaban, lo que era una mala señal. Los entré y volví a salir. Estaba oscuro y aunque tengo una buena luz, también tengo muchas plantas y una gallina asustada se puede esconder en cualquier lado. Me fui hasta el fondo, que está el laurel súper crecido que apenas te deja pasar, pasé por lugares donde no pasó ni de día llamándola "Polla, polla". Por suerte no vivo en España. Por allá cocoreó desde un lugar indescifrable, y supe que seguía viva y me pude tranquilizar. Me volví a la puerta, le dije "Vení polla, vení para acá" y entré para que note que ya no estaban los perros y se acerque solita. Me hice unos mates, los tomé y al rato salí y ahí estaba la polla, todavía asustada, mostrando en donde estaba escondida (bajo las ruinas de lo que una vez fue un horno de barro) y algo reticente aún a dejarse agarrar, pero la agarré y la entre al lavadero/ gallinero. Cuando entró parece que se hubieran puesto a sacarme el cuero entre las tres. Cocorocó y cocorocó.

 Me lo re merezco.

miércoles, 10 de julio de 2024

Nadia

Nadia vive en una casita rodeada de edificios en la última comunidad del planeta. Hay cien habitantes solamente y ella es la única que no tiene libros. Durante la última crisis, hace diez años, los pobladores se deshicieron de sus bienes y sobre todo las antigüedades, entre ellas, los libros. Tiempo después sobrevino una hambruna que diezmó a la población. Solo quedaron los cien pobladores actuales, que sobrevivieron gracias a sus huertos, la mayoría, en los techos de los edificios. Y el de Nadia, que era de su abuela, que murió de viejita hace poco y el cual ella aprendió a cuidar. 

La tecnología electrónica no es un bien valioso puesto que la electricidad no es un bien común. Solo tienen electricidad aquellos que supieron proveerse de un molino y un generador y saben hacerlo funcionar, información que está en los libros. Como casi todo lo demás. Pero la familia de Nadia los vendió. En cambio los otros noventa y nueve habitantes los compraron, los robaron o los encontraron, y cada día los leen, los estudian, los analizan  y así van mejorando cada día un poco más su nivel de vida. Nadia, no. Tendrá que conformarse con cuidar su huerta y comer las únicas comidas que sabe cocinar hasta que se enferme y se muera.

lunes, 8 de julio de 2024

Morena

Morena está en la escuela, divirtiéndose con sus compañeras. Le tiran papelitos a la chica que se sienta adelante porque no les presta atención.  De repente entra la maestra y da su clase de geografía. Al finalizar a nadie le queda muy claro porqué cada ramificación de un río se va llamando distinto del río pero hasta que llegue la fecha del examen a nadie le va a importar eso. Suena el timbre, se van a formar al patio, cantan el himno y emprenden la marcha hacia sus casas. 

Cuando Morena llega a su casa. Su mamá la golpea hasta dejarla sangrando gritándole que la va a devolver al orfanato. Morena no sabe que fue lo que pasó pero lamenta haber sido adoptada por esa señora.

domingo, 7 de julio de 2024

Clara

Fernando y Clara caminan de la mano por una plaza. Van en silencio. Ni muy lento ni muy rápido. Fernando tiene la otra mano en el bolsillo de la campera. Sus caras están serias y Clara parece asustada. Se cruzan con varias personas, la gente camina o está sentada en los bancos o en lonas sobre el pasto de la misma plaza. Cuando llegan a la vereda, bajan el cordón y la puerta de una camioneta estacionada se abre desde adentro. Clara lanza un grito pero Fernando la empuja dentro, se mete también, y la camioneta sin patente arranca la marcha y sale a toda velocidad.

miércoles, 5 de junio de 2024

Flora y Sung Lo

 Flora mandó las nenas a dormir y puso la pava. Después de cenar y lavar los platos, ella y sus hijas se lavaban los dientes en el baño pero cuando las nenas se acostaban, ella se hacía el último mate, otra vez. 

Era sábado y no tenía sueño. Los años habían pasado pero su cuerpo aún recordaba que cada sábado era para irse al baile y amanecer el domingo toda rota en el Boulevard o en Santa Clara. Las cosas habían cambiado mucho así que ahora, con el desvelo, elegía algún libro de la biblioteca heredada por una tía y se dejaba llevar.

Esta vez eligió uno negro con los bordes de las hojas doradas. Parecía una Biblia pero unos firuletes chinos en el lomo indicaban que se trataba de otra cosa. 

Lo abrió.

"El viejo Sung Lo camina por un bosque lentamente como había dicho el maestro. Al llegar a un arroyo se sentó a contemplarlo.

Estuvo toda la tarde allí y al llegar la noche, se quedó dormido.

En el sueño su maestro le habló.

-Sung Lo, has hecho tu tarea del modo indicado, sigue el curso del agua para llegar a tu destino.-

Al amanecer, Sung Lo siguió las instrucciones. Tres días y tres noches caminando al norte, comiendo peces y hierbas, frutas y nueces, notando que a medida que avanzaba el arroyo era cada vez más angosto y más bajo.

Cuando estuvo completamente seco, Sung Lo partió."

Flora cerró el libro sin entenderlo, y también se fue a dormir.

domingo, 26 de mayo de 2024

Nadie vió

Nadie vio el boquete en el asfalto. Rebecca fue la primera en ser absorbida por ese agujero en el suelo. Después se escuchó un ¡Splash! Y el doble pedido de auxilio:el subasfáltico, de R. y el de su esposa, más superficial. Un fortachón intentó ser héroe. Luego una señora desnuda perteneciente a una secta, pidió ayuda a su Dios. Más tarde vinieron los bomberos con una escalera alta y una gran manguera. Un concejal que pasaba por ahí prometió reparar la avenida a la brevedad. Todos ellos también fueron absorbidos.

Oquedad

La oquedad que se resiste a ser colmada

Con infamias ajenas,

Es la mía. 

jueves, 28 de marzo de 2024

376

Tiene veintitrés años. Está en la plaza sentada en el banco cerca de las hamacas. Saca la caja de cigarrillos del bolsillo, toma uno y lo prende cubriéndolo del viento aunque no corra ni una gota. El día está despejado, el sol calienta iluminando como sabe hacer.

Mientras fuma, recuerda la libreta en su bolso, la saca y ésta y los poemas dentro son revoleados al tacho de basura, mediante un doble perfecto. Debió ser deportista, piensa. 

Se levanta, va hacia una hamaca y juega. Aprovecha su resto de juventud y se propone llegar alto. Sostiene el cigarro con su ultimo milímetro de brasa para disimular el tic que tiene en la mano. Logra despegarse a dos metros del suelo pero no le gusta que la panza le haga cosquillas.

Tiene el pelo suelto, una gran sonrisa, y un muchacho de lejos, la mira.

martes, 12 de marzo de 2024

Cosas que pasan

 Tiraban del carro entre cuatro y no lo movían ni un centímetro. La madre de Héctor era gorda y cada vez que la tenían que llevar al médico por la diabetes era lo mismo. Entre los cuatro, uno era el mismísimo hijo y los otros eran Pedro y José,  hijos de Fermina, hermana de la gorda y el otro era Enrique, el forzudo del gimnasio de la otra cuadra. 

 La gorda Alcira era la mujer que siempre hacía rifas para la escuelita de fútbol del barrio. Había estado encargada del buffet por muchos años, casi todos desde la fundación del lugar. Dicen los viejos que cuando empezó era un escarbadientes la Alcira. Siempre pasa.

Cansados, fueron a llamar a Rigoberto  el fletero. Les quiso cobrar una fortuna el muy hijo de puta y le tuvieron que explicar que era una urgencia, que no había tiempo para rifas. Rigoberto se iba a negar pero Enrique lo atajó con un gesto.  El viejo capitalista agachó la cabeza y dijo que era un chiste. Tiró del carro con la rastrojera hasta la salita y Alcira llegó. Pero llegó muerta.

jueves, 8 de febrero de 2024

Úrsula

 Úrsula puede volar cuando nadie la mira. No sabe porqué pero si alguien la ve sus pies se vuelven instantaneamente dos plomadas de veinte kilos cada uno. A veces ni se da cuenta que está invisible para cualquiera pero de pronto, levita. Pero no levita ahi nomás del piso, sale disparada al cielo como un cohete o como una cañita voladora pero sin hacer ningún ruidito. A veces le da mucho vértigo, más que nada cuando este accionar la toma de sorpresa pero si se da cuenta al menos unos segunditos antes ya se prepara, endurece un poco la panza y disfruta mucho el paseo. Lo mejor de todo es la vista. Uno puede ver algo parecido en esas fotos que se toman desde aviones, helicópteros, edificios muy altos o desde satélites. Sí, desde satélites. Pero es mil veces mejor. 

Úrsula aprecia tener buena vista. Ve a la ciudad desde el cielo con mucha nitidez y todos los días da gracias por eso. 

Nunca vuela más allá de la atmósfera, sabe que más allá de ésta no habrá aire y tendría que consultar con algún físico para saber que tanque de oxígeno llevarse y cuánto tiempo le duraría en el espacio. 

El problema es que cuando trata de contarle a alguien su don, nadie le cree. Y menos que menos un físico. Asi que ella vuela hasta donde puede y lo disfruta. 

No importa que no la vean, lo lindo es que volando ella es felíz.