Nadia vive en una casita rodeada de edificios en la última comunidad del planeta. Hay cien habitantes solamente y ella es la única que no tiene libros. Durante la última crisis, hace diez años, los pobladores se deshicieron de sus bienes y sobre todo las antigüedades, entre ellas, los libros. Tiempo después sobrevino una hambruna que diezmó a la población. Solo quedaron los cien pobladores actuales, que sobrevivieron gracias a sus huertos, la mayoría, en los techos de los edificios. Y el de Nadia, que era de su abuela, que murió de viejita hace poco y el cual ella aprendió a cuidar.
La tecnología electrónica no es un bien valioso puesto que la electricidad no es un bien común. Solo tienen electricidad aquellos que supieron proveerse de un molino y un generador y saben hacerlo funcionar, información que está en los libros. Como casi todo lo demás. Pero la familia de Nadia los vendió. En cambio los otros noventa y nueve habitantes los compraron, los robaron o los encontraron, y cada día los leen, los estudian, los analizan y así van mejorando cada día un poco más su nivel de vida. Nadia, no. Tendrá que conformarse con cuidar su huerta y comer las únicas comidas que sabe cocinar hasta que se enferme y se muera.
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