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sábado, 20 de julio de 2024

Las gallinas pillas

Tengo tres gallinas, tres perras y un gato. Las perras y las gallinas no se juntan porque los perros las quieren cazar. El gato una vez estuvo en el patio con las gallinas y las persiguió unos segundos pero le aburrieron enseguida. El gallinero que improvisé hasta que les termine de hacer el corral es el viejo lavadero, un cuartito con puerta en el fondo de la casa. La perra más joven se puede pasar horas mirando por la rotura que tiene esa puerta abajo, solo le ve las patas a las gallinas pero trata de tocarlas con la suya. Ya hace seis meses que las tengo. Pirito, la perra más chica, sigue obsesionada con ellas. A veces cuando está lindo o al menos que no llueve, dejo a los perros adentro y saco a las gallinas al patio a que coman bichos y tomen sol. Y a veces me olvido que las saqué. Hoy me fui con un amigo a comer al centro y me olvidé las gallinas afuera. Cuando volví, varias horas más tarde, las perras querían salir a hacer pis desesperadamente y me apuré a abrirles y llevarlas al patio.

Las gallinas estaban en la puerta, del lado de afuera esperando entrar.

El quilombo que se armó. 

Cacareaban desesperadas las gallinas, las perras ladraban, yo gritaba que no. Fuera! Entren adentro! Y mientras yo gritaba, dos de las tres gallinas se metieron adentro y se escondieron. No estaba segura si habían sido dos o si habían entrado las tres porque salí al patio y cerré la puerta para ir a buscar a la tercera y no la veía. Pensaba en tener que arrancarla de las fauces de Pirito pero Pirito estaba atento a las gallinas que habían entrado y ni siquiera buscaba a la tercera. Así que entré a ver si habían entrado dos o tres. Pero adentro había una sola. La segunda ya no estaba. 

Antes del patio, tengo ese cuartito que uso de gallinero y un tallercito. Es como que el lavadero/gallinero es un anexo del taller. Y había una gallina sola. La segunda no estaba. Metí a la única al lavadero y me puse a buscar a la segunda entre los muebles y las maderas. Tarde unos minutos hasta que la encontré atrás de una madera que a mi me parecía más chiquita que una gallina. Pero estaba ahí toda hecha un bollito, yo le hablaba como le hablo a mis perros, con una voz de maestra jardinera muy empática: "¿Estás bien?" Y la gallina parecía muerta. Pensé que se habría infartado. La agarré para llevarla al lavadero y reaccionó y cocoreó, así que me volvió el alma al cuerpo igual que a ella. La metí y me fui afuera a ver si la tercera existía aún. Los perros seguían atentos a la puerta, no olfateaban a la otra afuera ni la buscaban, lo que era una mala señal. Los entré y volví a salir. Estaba oscuro y aunque tengo una buena luz, también tengo muchas plantas y una gallina asustada se puede esconder en cualquier lado. Me fui hasta el fondo, que está el laurel súper crecido que apenas te deja pasar, pasé por lugares donde no pasó ni de día llamándola "Polla, polla". Por suerte no vivo en España. Por allá cocoreó desde un lugar indescifrable, y supe que seguía viva y me pude tranquilizar. Me volví a la puerta, le dije "Vení polla, vení para acá" y entré para que note que ya no estaban los perros y se acerque solita. Me hice unos mates, los tomé y al rato salí y ahí estaba la polla, todavía asustada, mostrando en donde estaba escondida (bajo las ruinas de lo que una vez fue un horno de barro) y algo reticente aún a dejarse agarrar, pero la agarré y la entre al lavadero/ gallinero. Cuando entró parece que se hubieran puesto a sacarme el cuero entre las tres. Cocorocó y cocorocó.

 Me lo re merezco.

miércoles, 10 de julio de 2024

Nadia

Nadia vive en una casita rodeada de edificios en la última comunidad del planeta. Hay cien habitantes solamente y ella es la única que no tiene libros. Durante la última crisis, hace diez años, los pobladores se deshicieron de sus bienes y sobre todo las antigüedades, entre ellas, los libros. Tiempo después sobrevino una hambruna que diezmó a la población. Solo quedaron los cien pobladores actuales, que sobrevivieron gracias a sus huertos, la mayoría, en los techos de los edificios. Y el de Nadia, que era de su abuela, que murió de viejita hace poco y el cual ella aprendió a cuidar. 

La tecnología electrónica no es un bien valioso puesto que la electricidad no es un bien común. Solo tienen electricidad aquellos que supieron proveerse de un molino y un generador y saben hacerlo funcionar, información que está en los libros. Como casi todo lo demás. Pero la familia de Nadia los vendió. En cambio los otros noventa y nueve habitantes los compraron, los robaron o los encontraron, y cada día los leen, los estudian, los analizan  y así van mejorando cada día un poco más su nivel de vida. Nadia, no. Tendrá que conformarse con cuidar su huerta y comer las únicas comidas que sabe cocinar hasta que se enferme y se muera.

lunes, 8 de julio de 2024

Morena

Morena está en la escuela, divirtiéndose con sus compañeras. Le tiran papelitos a la chica que se sienta adelante porque no les presta atención.  De repente entra la maestra y da su clase de geografía. Al finalizar a nadie le queda muy claro porqué cada ramificación de un río se va llamando distinto del río pero hasta que llegue la fecha del examen a nadie le va a importar eso. Suena el timbre, se van a formar al patio, cantan el himno y emprenden la marcha hacia sus casas. 

Cuando Morena llega a su casa. Su mamá la golpea hasta dejarla sangrando gritándole que la va a devolver al orfanato. Morena no sabe que fue lo que pasó pero lamenta haber sido adoptada por esa señora.

domingo, 7 de julio de 2024

Clara

Fernando y Clara caminan de la mano por una plaza. Van en silencio. Ni muy lento ni muy rápido. Fernando tiene la otra mano en el bolsillo de la campera. Sus caras están serias y Clara parece asustada. Se cruzan con varias personas, la gente camina o está sentada en los bancos o en lonas sobre el pasto de la misma plaza. Cuando llegan a la vereda, bajan el cordón y la puerta de una camioneta estacionada se abre desde adentro. Clara lanza un grito pero Fernando la empuja dentro, se mete también, y la camioneta sin patente arranca la marcha y sale a toda velocidad.