Alberto Apo está mirando un tutorial en youtube de cómo hacer fideos con tuco. Hasta los veinte años se los cocinaba su madre y después su mujer. No sabe hacerse ni un huevo frito. Ahora le tiene que pasar el setenta porciento de su sueldo a sus hijos y sabe que no va a comer asado salvo que los amigos del barrio lo inviten en algún cumpleaños o algo así. No se festeja nada hace rato. Hay una miseria espantosa.
Graciela no puede creer que el viejo Apo ganara ese sueldo. Se enteró del monto exacto en el juicio por los alimentos. Él le decia que ganaba la mitad. Resultó que se la jugaba al poker. Sabe que el juez lo mandó a terapia obligado. Piensa que es un hijo de puta pero en el fondo sabe que los adictos a cualquier cosa también son víctimas.
Igualmente ella está mas aliviada. Las tres criaturas y ella van a poder vivir mejor. Y como el ambiente en la casa ahora es pacífico, ella va a poder cuidar niños ajenos como otra entradita más.