Saravia busca bajo la camioneta sus llaves perdidas. Es tarde y no tiene forma de entrar a su propia casa ni plata para el cerrajero usurero. Es viernes a la noche y se da cuenta que le alcanza para dos cervezas. Se va a pie al bar del barrio, no sea cosa que encima rompa la chata mamado a la vuelta.
Llega al barcito de Pocho y el viejo se alegra de verlo. Pensó que se había rescatado pero le mira la facha y entiende que fue la misiadura. Le pregunta que se le ofrece y Saravia pide la Brahma más fría salvo que la más fría sea una Palermo. Mira en la mesa del truco si hay algún conocido para agregarse y lo ve al Rúben. Listo.
Se sienta cerca, lo saluda mirándolo y asintiendo con la cabeza una vez y Pocho le alcanza la Palermo.
Juna de lejos a los timberos. Al Colorado le van a hacer pagar hasta el último centavo de la jubilación. El Rúben juega bien y su compañero es bravo. El Colorado no le entiende ni una seña al loco que se esta poniendo nervioso.
Cuando la cerveza de Saravia va por la mitad, el Loco le pega un manotazo a la mesa y putea al Colorado. Saravia se pone de pie y lo calma, mientras le tira al otro un "Rajá que te van a fajar". El Colorado huye y Saravia le dice al Loco que jueguen juntos, pero que antes se fumen un pucho afuera para calmar los nervios.
Cuando salen le avisa que tiene guita para la primera vuelta y que está obligado a ganar. Arreglan las señas y la táctica. Terminan el pucho. Vuelven, se sientan, apuestan, juegan, ganan. Se juega la revancha, ganan. Juegan otro, doblan la apuesta, ganan. Rúben y el otro se quieren matar pero no pueden dejar de jugar.
La cosa que Saravia y el Loco los despluman.
Se hace de día, el Loco le da las gracias al compañero, dice algo sobre la estupidez del Colorado y se va.
Saravia vuelve a pie las tres cuadras, llega a su puerta y ve que la llave había quedado puesta. Mira por la ventana antes de entrar a ver si le afanaron algo. Parece que no.
Entra despacio, revisa todo y grita muy contento
Qué ojete!